Es un corto genial de 20 minutos en el cual un hombre sin brazos ni piernas que solía presentarse en un circo como una atracción abominable, descubre gracias a la ayuda del manager de otro circo (Eduardo Verastegui) y a su propia lucha interior, su dignidad de ser humano y su verdadera vocación. El corto es muy bueno para dialogar sobre la propia vocación y sobre la importancia de verse a si mismo como Dios nos ve.
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